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En un giro inesperado para la diplomacia global, Estados Unidos confirmó que no acompañará el comunicado final del G20, decisión que podría dejar al foro sin consenso por primera vez en su historia. La administración de Donald Trump argumentó que las prioridades de Sudáfrica —país anfitrión— son incompatibles con su política exterior, según expresó en una carta oficial difundida por la embajada norteamericana en Pretoria.

La posición estadounidense marca un quiebre significativo: incluso en momentos críticos como la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022, los líderes del G20 lograron acordar un texto común. Sin embargo, esta vez Washington no solo rechazará cualquier documento consensuado, sino que además no enviará representantes a Johannesburgo, dejando su silla vacía durante toda la cumbre.

Esta postura responde al rechazo de Trump a los organismos multilaterales y a sus acusaciones contra el presidente sudafricano, Cyril Ramaphosa, al que llegó a señalar por un supuesto “genocidio blanco”. La tensión escaló pese a críticas previas sobre la organización de la cumbre, pero el anuncio terminó sorprendiendo incluso a delegaciones que anticipaban un escenario difícil.

En este contexto, la Argentina queda en una situación delicada. Aunque Javier Milei ya había decidido no asistir personalmente —enviando en su lugar al canciller Pablo Quirno—, ahora la atención internacional se enfoca en si Buenos Aires acompañará o no la ruptura estadounidense. A diferencia de Washington, que no estará presente, Argentina sí deberá expresar su posición de manera explícita frente a los demás líderes, lo que aumenta el costo político de alinearse con la Casa Blanca.

La postura argentina será observada de cerca por sus socios y por el propio G20, un foro clave para mantener relaciones económicas y diplomáticas. Mientras tanto, las delegaciones continúan con las reuniones técnicas y bilaterales en un clima de creciente incertidumbre.

Autor: lsantander